Vacaciones de terror.

Todo empezó con una foto.

No, en realidad empezó con un regalo. De esos regalos que son perfectos para el receptor, que tiene historia, chiste local. Un regalo perfecto.

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¡¡¡VACACIONES DEL TERROOOOOR!!!

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Dos meses después, fue el viaje que llevaban un año planeando y en el aeropuerto, justo antes de partir, fue la foto.

Nunca imaginaron que sería profética.

El viaje comenzó bien, el pequeño grupo estaba preparado para despedir el 2019 y recibir el 2020 en Baja California. Fue fantástico, tuvieron playas para ellos solos, avistamiento de ballenas, paseos en lancha y probaron el mejor ceviche de sus vidas.
Pero la profecía había anunciado: Vacaciones de terror. Y se había cumplido.
Iniciando con la abolladura a la defensa del carro en el primer día. El bar que no abrió y era justo en el que pasarían año nuevo. La infección estomacal que los obligó a iniciar el año sin salir del hospedaje. Rematando con un sorpresivo ataque de chinches en la antepenúltima noche, que se convirtió en el día siguiente mientras nuestros protagonistas mudaban sus pertenencias (después de revisar cada una con extremo cuidado) a una habitación en mejores condiciones.

Al regresar a casa, todos estuvieron de acuerdo en que las vacaciones no habían sido perfectas, épicas fue el adjetivo que le asignaron, pero definitivamente habían sido de terror.. Sin embargo, faltaba una última prueba de amistad. Les era claro que había una maldición que romper, incluso si eso implicaba destruir el regalo perfecto.

Todo terminó con una hoguera.

El hilo rosa

En el último día de viaje anuncié:
⎼Quiero ir al mercado de artesanías.
⎼Vamos, ¿qué quieres comprar?
⎼No sé, ⎼risas⎼ sólo quiero ir.

Y fuimos. Era nuestra tercer visita al mentado mercado. Ya casi lo conocíamos de memoria. Se suponía que me encontraba buscando una bolsa de paja, que vi el primer día, que ahora no aparecía por ningún lado. Mis amigos ya estaban cargados, seguían sólo porque no teníamos nada mejor que hacer. “Un puestito más”, me dije mentalmente y di la vuelta en un pasillo con la mayoría de los changarritos cerrados. Ahí, en el pasillo sombrío, entre puestos cerrados, aparecieron tres muñequitos de lana. Había uno en específico que, era claro, me había estado esperando. 

⎼¿En cuánto éste? ⎼simulé desinterés, atrás una amiga soltó un gritito emocionada.
⎼Ah, ⎼le dí la vuelta, observando la escamas rosas que parecían una moica, el detalle color verde neón en el pecho.
⎼Se lo dejo en doscientos cincuenta, pa’ que se lo lleve.
Otra amiga regateó: ⎼Doscientos y se lo lleva a la de ya.
⎼Doscientos veinte es lo menos.
⎼Le doy doscientos diez ⎼rematé, recordando la moneda que una hora antes me había sobrado y ahora parecía quemar la bolsa de mi pantalón.
⎼Ándele, está bien.

La dinosaurio rosa pasó de mano en mano, mientras le pagaba al vendedor y finalmente, regresó a mí. La miré sin poder, ni querer, evitar una sonrisa.

Se los juro: la Quetzilla me estaba esperando esa noche, refugiada en un mercadito solitario de Baja California.

¡Feliz aniversario Quetzilla!

El 11 de julio se cumplió un año desde que Quetzilla oficialmente salió al mundo, lo digo así porque ella nació conmigo y lleva años siendo un garabato en mis libretas; pero hace un año todo cambió cuando la dibujé para ilustrar uno de mis cuentos y así surgió Soy Quetzilla e inició un año lleno de bocetos, talleres, conferencias, nuevos y viejos amigos, garabatos y cuentos, ¡se pasó en un suspiro! ¡Por mil años más!

Esta es la imagen que compartí en redes sociales, claro que en la emoción del momento tuve un error, que tal vez sólo yo note, así que aquí la pongo corregida porque puedo y es mi blog :p