Por la siguiente chica

CUENTO

Quisiera decir que esta historia sucedió a mis dieciséis años, cuando la inocencia y falta de experiencia podría ser una justificante. Pero no. La razón por la que esta historia es importante es porque no éramos unos niños. Tampoco unos adultos, pero sí una pareja plena y vigorosa en sus veintes.

 

Es importante porque después de meses de encuentros, por fin sucedería, y se lo dije:

─ Me vengo, – le informé con un gemido.

Y su respuesta fue, ¡oh, su respuesta!:

─ ¿Las mujeres se vienen?

 

Cuatro palabras, confusión mutua por razones completamente distintas. Me detuve al instante. Este tipo no se merecía una respuesta, puta madre, no merecía mis aguas, mi cuerpo, ni un gemido más. Lo que él merecía era  la leche atorada, unos testículos adoloridos y la amargura de la frustración. Eso merecía.

Me levanté. Su respiración acelerada me acompañó mientras me vestía. No lo miré. Pero podía vislumbrar la confusión adornando su rostro.

Al tomar mi bolso le eché un último vistazo. Tenía que contestar su pregunta, no por él, sino por su ingenuidad, por la siguiente chica.

─ Sí, también nosotras nos venimos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *